Estas son las sugerencias de Juan Miguel Contreras: "El último eslabón antes del lector"

Capítulo 1.

¿Cómo inaugurar un buzón de sugerencias, un "cuaderno" en blanco, un precipio lleno de puentes invisibles?
Crecí como lector en el instituto, no digo que me creara como lector en esos años, no; como todos, aún tengo mis pequeños barcos de vapor, blancos, azules y naranjas, en las estanterías de mi casa. Cuando digo que crecí como lector en el instituto quiero decir que caí rendido, que me perdí, que me fui y nunca más volví, llegando incluso a tener una librería...
En el insituto tuve profesores que me hablaron, además de las lecturas obligatorias (lo siento, sigue sin haber ediciones adaptadas del "Poema del Mio Cid", hay ediciones más o menos insufribles, es decir, legibles, pero no adaptadas...) en clase tuve profesores que nos hablaron de pasada de Herman Hesse, de Bradbury, de Orwell, de Mendoza... Yo, si pudiera, no sabría de quién hablar (de pasada) en clase, creo que me agobiaría mucho con eso de qué deben leer los alumnos o no. Creo que, lo más seguro, es que algún día hablara de Cortázar, de hecho no por casualidad La Pecera casi se llama La Rayuela, pero La Pecera mola más, creo; en las peceras hay silencio, se flota y, aunque parezca que los peces se aburren, están todo el día imaginando las vidas de las gente, entre ellas, tal vez la de un librero que escribe en el "blog" de un Instituto... No, no sé qué libros recomendaría en clase... Aunque, como digo, conociéndome, con eso de tirar la piedra y esconder la mano, hablaría de Cortázar, pero sólo para hablar de esta serie de clips visuales mexicanos sobre libros, que son una maravilla y que me sirven de excusa perfecta para inaugurar esto...
Gracias, Manolo, por la invitación.




2. EL GUARDIAN ENTRE EL CENTENO.

Iba a comentar algo de este libro, pero he visto que ya había una entrada fantástica, así que me limitaré a copiar un fragmento...
Salinger en la pecera

Era un taxi viejísimo que olía como si alguien hubiera acabado de vomitar dentro. Siempre me toca uno de ésos cuando voy a algún lado de noche. Pero más deprimente todavía era que las calles estuvieran tan tristes y solitarias a pesar de ser sábado. Apenas se veía a nadie. De vez en cuando cruzaban un hombre y una mujer abrazados por la cintura, o una pandilla de tipos riéndose como hienas de algo que apuesto la cabeza a que no tenía la menor gracia. Nueva York es terrible cuando alguien se ríe de noche. La carcajada se oye a millas y millas de distancia, y hace que uno se sienta aún más triste y deprimido. En el fondo, lo que me hubiera gustado habría sido ir a casa un rato y charlar con Phoebe. Pero, en fin, como les iba diciendo, subí al taxi, y pronto el taxista empezó a darme un poco de conversación. Se llamaba Howitz y era mucho más simpático que el anterior. Por eso se me ocurrió que a lo mejor sabía lo de los patos.
-Dígame, Howitz -le dije-. ¿Pasa usted muchas veces junto al lago del Central Park ?
-¿ Qué ?
-El lago, sabe. Ese lago pequeño que hay cerca de Central South Park. Donde están los patos. ¿ Sabe, no?
-Sí. ¿ Qué pasa con ese lago ?
-¿ Se acuerda de esos patos que hay siempre nadando ahí ? Sobre todo en primavera. ¿ Sabe usted por casualidad dónde van en invierno ?
-Adónde va , quién ?
-Los patos. ¿ Lo sabe usted, por casualidad? ¿ Viene alguien a llevárselos a alguna parte en un camión o se van ellos por su cuenta al sur, o qué hacen ?
El tal Howitz volvió la cabeza en redondo para mirarme. Tenía muy poca paciencia, pero no era mala persona.
-¿ Cómo quiere que lo sepa? -me dijo-. ¿Cómo quiere que sepa semejante estupidez ?
-Bueno, no se enoje por eso.
-¿ Quién se enoja ? Nadie se enoja.
Decidí que si iba a tomarse las cosas tan a pecho, mejor era no hablar. Pero fue él quien sacó de nuevo la conversación. Volvió otra vez la cabeza en redondo y me dijo:
-Los peces son los que no se van a ninguna parte. Los peces se quedan en el lago. Esos sí que no se mueven.



3. 23 de febrero del 2010.
FIRMIN, de Sam Savage. Ed. Seix Barral

Firmin es la historia de Firmin, un autentico bibliófago que encuentra en los libros una ventana a un mundo al que no puede acceder, pudiendo vivir mil vidas a pesar de ser lo que llamaríamos "una rata de biblioteca", y es que Firmin, precisamente, es un rata que, por un azar del destino, nace en el sótano de una librería en el Boston de los años 60, una librería de viejo. Dicha librería, Libros Pembroke, se convertirá en su paraíso y a la vez en su maldición ya que su afán de conocimiento le separará de su especie y le convertirá en un desclasado, en un ser que se sabe diferente y a caballo entre dos mundos sin llegar nunca a sentirse parte de ninguno. Firmin aprende a leer devorando (literalmente) las páginas de los libros. Pero una rata culta es una rata solitaria. Marginada por su familia, busca la amistad de su héroe, el librero, y de un escritor fracasado, pero cuando más cerca está de conseguirlo es cuando más olvida lo que en el fondo es. A medida que Firmin perfecciona su insaciable hambre por los libros, su emoción y sus miedos se vuelven humanos. Firmin derrocha humor y tristeza, encanto y añoranza por un mundo que entiende el poder redentor de la literatura, un mundo que se desvanece dejando atrás una rata con un alma creativa, una amistad excepcional y una librería desordenada y abocada a desaparecer, como un mundo que se perderás para siempre, una forma de ver la vida, una forma de vivir, y es una rata la que es consciente de eso. Como un Woody Allen metido en la piel de Ritso Ratso, el personaje de "Cowboy de medianoche" que interpretó gloriosamente Dustin Hoffman, soñando con ser como Fred Astaire, culto, refinado, despreocupado, romántico.... Así es esta novela, un romántico canto a los libros, a ser, una oda al perdedor, pero al perdedor más romántico y hermoso del mundo, una rata que ama leer. La bildungsroman de una rata, Firmin novela, que crece poco a poco, y que, si te llega, nunca se olvida...

external image dibujo-firmin.jpgPor eso no resulta raro, después de leer este libro, encontrarte un día, ante cualquier situación "dificil" y pensar: "¿qué diría Firmin ahora?"... Firmin no es un ratoncito humano, sino un ser humano en un cuerpo de rata. Esto lo hace áspero, patético, incómodo, sin la menor concesión al infantilismo y lo convierte en un ser auténticamente poético. Además, hacía mucho que no lloraba con el final de una novela, y encima de la manera más tonta... por una rata...

Su autor es Sam Savage, nacido en Carolina del Sur y hoy residente en Madison,Wisconsin. Doctorado en Filosofía por la Universidad de Yale, donde también fue profesor. Ha sido mecánico de bicicletas, carpintero, pescador y tipógrafo. Firmin, su primera novela, fue publicada por una pequeña editorial de Minneapolis, fuera de los grandes circuitos editoriales. Sin embargo, ha crecido gracias a la recomendación de lectores y libreros, ha sido Descubrimiento de la selección de Nuevos Grandes Escritores de Barnes & Noble, Finalista del Premio Descubrimiento Barnes & Noble, Libro destacado del Blog de la Cooperativa Literaria «Read This!», el Book Sense dic y el Book Sense Annual Highlight. Ha sido también la novela Top Debut del Library Journal y es nada menos que libro destacado de la Asociación Americana de Libreros. Ala, biografía "copy-paste" de la web de Seix Barral...
FIRMIN. Autor, Sam Savage. Ed. Seix Barral
Firmin dixit:

external image sam-savage_250.jpg "Mi devoración, al principio, era tosca, orgiástica, descentrada, cochina -me daba igual emprenderla a mordiscos con Faulkner que con Flaubert-, pero pronto empecé a percibir sutiles diferencias. Me di cuenta, al principio, de que cada libro poseía un sabor distinto -dulce, amargo, agrio, agridulce, rancio, salado, ácido-, y según fue pasando el tiempo y mis sentidos ganaban agudeza, llegué a captar el sabor de cada página, de cada frase y, finalmente, de cada palabra".

"Cuando empecé a comprender mejor a las personas, caí en la cuenta de que ese increíble desorden era una de las cosas que la gente apreciaba en Libros Pembroke. No venían sólo a comprar un libro, soltar la pasta y darse el piro. Se quedaban un buen rato. Ellos lo llamaban mirar, pero más bien parecía que estaban excavando una mina. Me sorprendía que no trajesen palas. Cavaban en busca de tesoros con las manos desnudas, hundiendo a veces los brazos hasta las axilas, y cuando extraían alguna pepita literaria de algún montón de escoria, se sentían muchísimo más felices que si hubieran y hubiesen comprado directamente el libro. En ese sentido, comprar en Pembroke era como leer: nunca sabe uno con qué va a encontrarse en la página siguiente -la estantería, el montón, la caja siguientes-, y eso constituía una parte importante del placer".

"Si hay algo para lo que resulte útil una formación literaria, es para dotarlo a uno de un sentido de la catástrofe".

"A Mickey Mouse y Stuar Little me dan ganas de mearles en la boca".